jueves, 12 de marzo de 2015

CONOCIENDO AL SIERVO DE DIOS, ÓSCAR ARNULFO ROMERO, A LAS PUERTAS DE SER PROCLAMADO BEATO Y MÁRTIR DE EL SALVADOR

Como hijo de El Salvador, C. A. y heredero de la profunda e inestimable riqueza de la vida, de la doctrina, quiero compartir contigo estimado lector el pensamiento y santidad del Siervo de Dios Óscar Arnulfo Romero. 

A lo largo de su historia la Iglesia siempre ha sido fecundada por la sangre de los mártires. El horrible crimen que segó la vida de Mons. Romero, le proporcionó la inestimable fortuna de morir como testigo de la fe al pie del altar.  

La dimensión propia de la personalidad de Mons. Romero  fue de la ser sacerdote.  Este siervo de Dios amo a la Iglesia, suscitando en él, un cariño especial por el papa,  un hombre profundamente piadoso, el cariño y la devoción a la virgen María; fue un hombre de luchas y oraciones para vivir su sacerdocio. 
Un poco antes de su ordenación, el seminarista Romero escribió “¡Este año haré la gran entrega a Dios! Dios mío, ayúdame, prepárame. Tú eres todo, yo no soy nada y, sin embargo, tú amor quiere que yo sea mucho.  ¡Con tu todo y con mi nada haremos ese mucho!” (Apuntes de su diario, enero de 1940). 

El seminarista Romero escribió fichas autobiográficas con pensamientos y oraciones que pueden inspirar a todo fiel laico, y especialmente a los sacerdotes y seminaristas. Comentando una conversación con un compañero, el futuro arzobispo apuntó: “Cómo arden los corazones cuando se sopla el fuego del amor del Sagrado Corazón. Pide para que sea santo; pero se fuerte; ten una gran confianza con tu obispo, quiérelo” (apuntes  de su diario 6 de enero 1940). Aquí tenemos un pequeño fragmento de su profunda relación personal con Jesús. 

Mas tarde  escribió Mons. Romero acerca de su vida e identidad como sacerdote: “La frustración viene cuando Cristo deja de ser el centro y sólo es adorno. No hay que ver el sacerdocio como un paréntesis, porque Cristo no juega a ser barniz” (cuadernos espirituales 2, pág. 57). 

Precisamente esta unión e intimidad con el Señor era el que lo impulsaba a descubrir y reconocer al mismo Jesús en la persona de los pobres , de los marginados , los que no cuentan para nuestra sociedad materialista … Monseñor Romero creía en la opción preferencial por  los pobres , en sentido espiritual , no político . En sus homilías repitió varias veces el versículo Evangélico: “Yo te bendigo padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños (Mt 11,25; Lc 10,21). Para Romero, Dios era “el Dios de los humildes, no de los filósofos”  (homilía del 19 de junio de 1979, en su pensamiento VI, 409).  Las tres fuerzas que para él llevan a cabo la verdadera liberación no son terrenales , políticas o militares , sino espirituales : “ el espíritu de pobreza , el sentido de Dios y nuestra esperanza  firme en el misterio de Cristo” ( Diario, 11 de noviembre de 1979,330, con referencia a la homilía de ese día , dedicadas justamente a las tres fuerzas que ofrecen la verdadera liberación del país ( Homilía del 11 de noviembre de 1979, en su pensamiento VII , 420). 

Santos Rafael Ramírez