lunes, 9 de abril de 2012

Triduo Pascual en la zona de Luna

En verdad ha resucitado el Señor, aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad.

Amigos blogueros:
¡Feliz Pascua de Resurrección! Quiero compartir con vosotros la experiencia que hemos tenido durante el Triduo Pascual los Seminaristas del Seminario Conciliar de León.
Estos días han sido realmente especiales para nosotros, no sólo porque en ellos hemos celebrado la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, sino también porque a lo largos de estos 3-4 días hemos podido compartir nuestra fe en diversas parroquias de la diócesis.
Santos y un humilde servidor, Jorge J., nos hemos trasladado a la zona de «Luna», concretamente a las parroquias que atiende nuestro Rector: Barrios de Luna, Garaño, Vega de los Caballeros, Mora de Luna, Mallo, Portilla de Luna e Irede. Allí debido al número de celebraciones que en estos días tienen lugar y a la falta de sacerdotes hemos acompañado a los fieles de dichas parroquias a vivir lo que la Iglesia nos recuerda: que Cristo murió y resucitó por nosotros.
Fueron días realmente intensos, pero a la vez especiales. Salíamos pronto del Seminario para poder llegar a la hora, pues hasta llegar a nuestro destino nos esperaban varios kilómetros. Allí, bien al principio o al final, celebrábamos la Eucaristía o la Pasión del Señor (Jueves- Viernes y Domingo) con una comunidad para después encaminarnos los seminaristas ya independientemente a las parroquias donde hacíamos una “Celebración de la Palabra”. El sábado, por ser un día tan especial, nos reunimos únicamente en una parroquia, Vega de los Caballeros, para celebrar la gran Vigilia.
He de confesar que la cercanía de la gente, el cariño que en todo momento nos mostraron y el agradecimiento por haberles otorgado el poder reunirse en comunidad, escuchar la Palabra de Dios y recibir el Cuerpo de Cristo fue inmenso.
A la luz de lo vivido uno se estremece y se da cuenta del gran regalo que Dios nos ha hecho al sentirnos vocacionados, pues sin duda alguna se trata de una tarea apasionante, además de muy comprometedora. El poder anunciar a los demás nuestra propia experiencia de fe a la vez de trasmitirles el amor que Dios nos tiene es algo maravilloso y ante lo cual uno se siente muy pequeño. El compartir con la gente el emocionado momento en que la Iglesia rememora la muerte de Nuestro Señor, la alegría de la Resurrección en la Noche Santa y el vínculo de sentirnos hijos de un mismo Padre nos ha hecho interrogarnos respecto a nuestras vidas: «¿en verdad Señor vivo como un don mi vocación?».
Desde este post quiero agradecer a todos los fieles de las citadas parroquias la acogida que nos han brindado, pues gracias a vosotros hemos podido vivir más intensamente esta Semana Santa.

Jorge Juan