jueves, 4 de octubre de 2012

¿Qué han sido para ti estos días de Ejercicios espirituales?

Han sido, como en otras muchas ocasiones, una de las experiencias del ministerio pastoral más completas y enriquecedoras de mi vida. En el desarrollo de los mismos, uno percibe con signos claros y contundentes, la eficacia de la gracia de Dios, el poder transformador de su Palabra y lo importante que es el encuentro personal con Jesucristo a través de los sacramentos, en especial de la Reconciliación, y de las distintas celebraciones litúrgicas y los momentos fuertes de oración personal y comunitaria. Son una “encrucijada” para darse cuenta de los extravíos de la vida y volver a la senda por donde el Señor quiere que caminemos.
Francisco Rodríguez Llamazares (director de los ejercicios)

Tenemos reciente la celebración de unos Juegos Olímpicos. Los deportistas participantes dedican previamente un tiempo de concentración, para prepararse y optimizar su rendimiento. Además es para ellos una alegría participar. Del mismo modo, los ejercicios espirituales son para mí un tiempo de preparación, de intimidad con Dios, de oración, para vivir después con alegría la aventura del Evangelio en medio del mundo; con compromiso y fidelidad a Él y a su Palabra.
Guillermo Álvarez Rodríguez (3º curso)

Un año más, al comenzar el curso, los seminaristas de León dedicamos unos días a tener un trato más cercano con Dios. En estos días, compartimos la experiencia de los apóstoles en el Monte Tabor; nos mantenemos a la escucha del Dios que nos habla. Toda esta experiencia nos sirve para comenzar el curso llenos de proyectos y cargados de ilusión, con la mirada puesta en Aquel que inicia y completa nuestra fe.
Luís Rodríguez Pérez (diácono)

La rutina de lo cotidiano y el activismo que muchas veces nos acompaña suele terminar actuando como un lastre que nos paraliza, nos distrae y nos desorienta. Por eso es necesario hacer de vez en cuando un alto en el camino. Creo que en eso consisten unos ejercicios espirituales: pararse para dedicar unos días solamente a estar con Dios y a escuchar su Palabra. En el silencio, Dios siempre vuelve a hablarnos al corazón, demostrándonos que sigue haciendo camino a nuestro lado, a pesar de nuestros distanciamientos y frialdades. A la sombra de su presencia uno va redescubriendo el norte al que ha decidido encaminar sus pasos y se refresca el amor primero, disipando dudas, miedos e inseguridades. Es, en definitiva, una buena puesta a punto para volver a arrancar los motores del espíritu.
 José Sánchez González (rector)

Estos son los primeros ejercicios espirituales que hago y me han ayudado mucho a coger un mejor hábito de oración en tantos momentos de reflexión que hemos tenido. También guardar el silencio se me ha hecho un poco difícil, porque no estaba acostumbrado a este ambiente, aunque el silencio me ha ayudado a estar más cerca de Dios y aprender a escucharle. En general ha sido una buena experiencia que recomiendo.
Cesar Valbuena Gómez (año introductorio)



Hacer un alto en el camino para revisar nuestro estado de vida a la vez que contemplar y revivir el amor de Cristo no sólo es recomendable, sino necesario. Sinceramente he de dar gracias a Dios una vez más por este regalo que me ha hecho. Poder reflexionar acerca de temas tan directos para nosotros como la amistad con Dios, la vocación al ministerio sacerdotal, la fidelidad, etc., junto con el clima de oración que hemos vivido toda la comunidad, han sido factores decisivos para postrarme de nuevo ante el Señor y exclamar “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (cf. Sal 39, 8-9).
Jorge Juan Fernández (4º curso)

Días de gracia, días de silencio y de encuentro con el Señor. Pero, sobre todo, de llenarnos nuevamente del amor y misericordia de Jesús. Es volver a descubrir el amor primero: Jesús.
Santos Rafael Ramírez (5º curso)

He vivido un “desierto espiritual”. No es que haya pasado hambre de alimentos o sed de bebida o mucho calor, se trata de vivir la experiencia de un “Dios silencioso”. Doy gracias a Dios y a su Madre la Virgen por estos días, donde he descubierto que Dios quiere que seamos felices YA.
Froilán Fernández Martínez (diácono)

Dios siempre es novedad, oportunidad y gracia. Me interpela con el texto de Apocalípsis 3,20: “Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre, entraré y cenaré con él y él conmigo”. He abierto la puerta a Jesucristo Resucitado y hemos compartido la “Belleza de la Fe”, las “exigencias de la vocación sacerdotal” y la “fidelidad del ministerio”. La comunión eclesial con otros sacerdotes y seminaristas y otros signos del evangelio quedan renovados para mis tareas pastorales para adentrarnos en el nuevo curso pastoral y en los objetivos del Año de la Fe.
José Luís Díez Puente (director espiritual)

Creo que podemos decir todos: “¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!”. Hemos puesto en estos ejercicios intensidad espiritual e ilusión y Dios nos ha dado mucho más. He disfrutado especialmente de esa fuerza curativa, del bálsamo del silencio, silencio orante y gratuito junto a su Presencia.
 Rubén García Peláez (formador)