jueves, 25 de abril de 2013

¿Alguien sabe de dónde salen los curas?

Interesante artículo de Tote Barrera que os compartimos:

Mi amigo y colega de columna Juan Luis Rascón me pisó el tema que quería tratar a la salida de misa del domingo. Aun así no me resisto a dar un par de pinceladas.

Lo primero es que efectivamente si no hay cristianos no hay vocaciones…deberíamos centrarnos en la calidad de nuestras comunidades, familias y cristianos de a pie si queremos ver los seminarios llenos de sacerdotes. La típica apelación de día del seminario a que la gente examine su vocación sólo tiene sentido en una comunidad de gente que se ha puesto en manos de Dios entregando toda su existencia. Al fin y al cabo esto es lo que se ha hecho toda la vida en los Ejercicios Espirituales, que son para discernir estado entre otras cosas, y es lo más normal que tendría que pasar en la vida de toda persona joven en “edad de merecer”.

 Pero el caso es que el otro día me supo a huera la homilía de turno hablando de las vocaciones y de no tener miedo a la llamada de Dios, etc,etc. Lo he visto suceder muchas veces; la gente pide la adhesión a la Iglesia antes que la adhesión a Jesucristo, y sin querer se cae en un discurso que pide el compromiso antes que enamorar. Y eso está hueco, porque la esencia del cristianismo, su radicalidad más íntima es que Dios nos amó primero. Sin comunidades donde la gente experimente el amor de Dios, se enamore de Jesucristo y se decida a dar la vida por Él no podemos esperar que haya vocaciones.

Por eso los curas no salen de la luna, ni de los cenobios, ni de los itinerarios de fe más extravagantes. Los curas salen de las comunidades que los dan a luz, de las familias cristianas, en definitiva de la Iglesia en su papel de madre.
¿Parece una obviedad, verdad? Una comunidad cristiana sana debe dar vocaciones….pero no porque una comunidad dé vocaciones significa que sea sana…y si no que se lo digan a los Lefevbristas que como poco pecan de separatistas o cismáticos.

Por eso llegamos a la conclusión de que al final todo nos devuelve al problema de la evangelización. Si no hay evangelización no hay Iglesia, pues ésta vive para evangelizar. ¿Nos extrañamos de que no haya sacerdotes? ¿No será más bien que falta la chispa de la fe que lleva a salir fuera? ¿No nos faltará recuperar lo esencial en la Iglesia? Porque la casa no se arregla por el tejado…y mal parche es el que muchos ponen cuando van a buscar vocaciones en rebajas en vez de trabajar a 5,10 o 15 años reavivando comunidades.

Ciertamente qué fácil es opinar sobre todas estas cosas que para muchos son motivo de preocupación pastoral y para algunos son el ser o no ser de la supervivencia de su comunidad en un inminente futuro. Pero no seamos típicos, ni nos llenemos de tópicos….lo primero es lo primero. Tengo unos amigos que no podían engendrar y durante años estuvieron pidiendo a Dios por un hijo. Hasta que llegó la beatificación de madre Teresa y ella me contó que por primera vez en años, ella no pidió para sí, pidió para otros. Milagro de Dios fue que justo en ese momento quedaron embarazados, y ahora son los padres de dos niños que vinieron uno detrás de otro.

Moraleja, para tener fecundidad vocacional, primero pensar en los que necesitan de Jesucristo y eso se llama evangelizar… lo demás vendrá por añadidura. Y a la vez, eso sí, recemos mucho por las vocaciones, y por quienes tienen la responsabilidad de promoverlas.

Tomado de: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=28849