sábado, 7 de octubre de 2017

San Froilán 2017

San Froilán, inspiración y ejemplo para la cultura vocacional


A quienes dirigiesen una mirada superficial a lo que el jueves celebramos celebrando, podría parecerles una extravagancia o un anacronismo que nos reúna la memoria de un personaje, san Froilán, tan alejado del tiempo, hijo de un mundo que ya ha desaparecido como es la España de la Reconquista. Y pondrían el grito en el cielo, seguramente, si les dijésemos que los futuros pastores del siglo XXI queremos encontrar inspiración y ejemplo en él.
Pero eso sólo les pasaría a los que miren la superficie; quienes hagan el esfuerzo de ahondar un poco más descubrirán que, efectivamente, podemos encontrar en el santo ermitaño y obispo un ejemplo permanente de celo evangelizador, que hoy nos mueve a la apasionante, aunque dura, tarea que nos toca. 
Como todos sabéis, nuestra diócesis de León está comenzando un Año Pastoral Diocesano Vocacional, que fue inaugurado por nuestro Obispo en la pasada Semana de Pastoral. La finalidad de este, según consta en el Decreto de apertura, es “recordar a los fieles la importancia del ministerio presbiteral y de la vida consagrada, fomentando la oración insistente por las vocaciones, tratando de crear entre todos una nueva y verdadera cultura vocacional”.
La “cultura vocacional” es una expresión que se viene usando profusamente desde los años 90 y que  fue recogida y refrendada, en 1997, por el importante documento “Nuevas vocaciones para una nueva Europa”. El Papa Francisco también habló a los animadores vocacionales de la Conferencia Episcopal Italiana de una nueva cultura vocacional, que sepa contar la belleza de estar enamorados de Dios. El Santo Padre pide que esta nueva cultura vocacional sea “capaz de leer con coraje la realidad tal como es, con sus fatigas y resistencias”, reconociendo, sin embargo, los signos de belleza del corazón humano.
Queremos poner, ya desde hoy, bajo el patrocinio y guía de san Froilán todas estas iniciativas ilusionantes del Año Vocacional. Él, que fue un hombre de corazón inquieto y buscador, siempre
atento a descubrir donde le quería poner Dios para mayor servicio del Pueblo de Dios, primero como ermitaño, luego como abad y finalmente como obispo de León, nos anime a descubrir la voz de Dios que, en su Palabra y en los signos de los tiempos, nos está llamando a emprender una Nueva Evangelización de nuestras tierras.
Que Él, que supo prender el fuego de la vocación en los corazones de tantos jóvenes que llenaron los monasterios que iba fundando, bendiga nuestra diócesis de León y nuestros seminarios con las vocaciones que tanto necesitamos.
Y que a todos nos colme Dios de ilusión, valentía y generosidad para seguir cuidando de la fe de todos aquellos que el Señor nos encomienda en estas tierras leonesas.