miércoles, 7 de septiembre de 2011

Reviviendo días especiales JMJ


Son las 2 y 10 de la tarde del domingo 21 de agosto y acabamos de llegar al Colegio Asunción Cuestablanca, tras la misa con el Santo Padre que ha tenido lugar en el aeródromo de Cuatrovientos.

Hemos vivido una aventura, como el mismo Papa dijo, refiriéndose a la vigilia de la noche del sábado, en la que las inclemencias meteorológicas nos sorprendieron. Este hecho no mermó la actitud de oración y adoración y la alegría manifestada por los miles y miles de jóvenes, tapados por chubasqueros y plásticos o refugiados como podíamos en los sacos de dormir, que no cesaban de gritar “¡Esta es la juventud del Papa!”.

Después de las numerosas y emotivas vivencias de estos días, tengo que hacer una especial referencia, ya que siempre lo recordaré con emoción a la Eucaristía que tuvimos seminaristas del mundo entero con el Santo Padre en la Catedral de la Almudena.
Allí el Papa nos invitó a seguir radicalmente a Cristo y a vivir de tal manera que nos lleguemos a identificar con Él. Nos señaló también que el camino al que Dios nos ha llamado es arduo pero, como dice san Pablo “Contristo todo lo podemos”. Verdaderamente, este gesto de cariño por parte de Benedicto XVI para con los seminaristas, quedará en la memoria de los que, en un futuro ya cercano, trabajaremos en la mies del Señor.
Han sido días muy intensos para los jóvenes católicos del mundo entero. En ellos hemos asistido a catequesis, con las que se nos buscaba acercar a la doctrina de la Iglesia y su Magisterio, hemos recibido el sacramento del perdón, tan importante para la vida cristiana; para dar ejemplo de ello el mismo Papa quiso sentarse en un confesionario y reconciliar a unos jóvenes. Hemos conocido los diversos carismas de la Iglesia y, sobre todo, hemos convivido en un ambiente sano y muy alegre, en el que Cristo ha sido y es el punto de referencia.
A pesar de las pocas horas de sueño, del cansancio y del calor, os digo, con total sinceridad, que ha merecido la pena.
La visita del Santo Padre ha congregado a miles de personas del mundo entero, quizá más de dos millones en algunos momentos, que nos han recordado, en medio de una España, amenazada de caer en el laicismo, que no estamos solos viviendo la fe. La sangre de la Iglesia es joven y, por ello, debemos confesar nuestro amor por Cristo y por los hermanos sin ningún tipo de complejo.
Gracias Santo Padre por despertar de nuevo en nosotros el espíritu alegre y joven que debe caracterizar a todo cristiano, gracias por su visita a nuestra patria. Beato Juan Pablo II, patrón de la JMJ, ruega por nosotros.

Jorge Juan (seminarista de 3º)