martes, 28 de junio de 2011

La vocación a la Vida de Laura

Laura es una joven de nuestra diócesis de León que participa de casi todas las actividades de la Pastoral Juvenil, como retiros y encuentros. Ahora está preparando con mucha ilusión la JMJ de Madrid 2011. Con motivo de la Semana de Pastoral de la Salud, dedicada a los jóvenes y la enfermedad, escribió este testimonio de su propia experiencia de vida con la minusvalía que sufre. Nos lo ha hecho llegar porque se lo hemos pedido; es un muy buen ejemplo de vocación a la vida y de fortaleza. ¡Feliz Verano!



Se dice que un niño da sus primeros pasos a partir del año y medio, mis primeros pasos fueron más tardíos, pero mucho más esperados. Nací un 16 de julio de 1971, un parto difícil, en el que mi vida quedo marcada con una parálisis cerebral, unos segundos de falta de oxigeno, y toda una vida de consecuencias.Me gustaría que intentaseis pensar lo que es una infancia sin juegos, sin carreras, sin caídas, sin patadas a un bacón, o peinar a las muñecas, saltar a la comba, jugar al escondite…a cualquier juego que el resto de los niños de mi edad jugaban, soñaba, añoraba y lloraba por ser como mis hermanas.Mi familia día a día se preocupaba por mí, yo era lo primero en todo, me hacían sentir muy importante, así como en la calle me sentía de menos, mi familia siempre intento suplir ese sentimiento arropándome en todo momento.La preocupación de unos padres, que poco a poco tienen qué aprender lo que es esta enfermedad, a asumirla primero y así ayudarme a mí hacerlo, lleva a buscar los mejores cuidados para buscar desesperadamente una mejora en las condiciones de mi vida.Con cuatro años llego a un centro situado en Bilbao, especialista en tratar casos como el mío, también hay que entender que él aquellos años los avances no son como ahora, pero ese internamiento, esa estancia en aquel sitio, me enseño a afrontar mi enfermedad, a luchar contra ella, a controlar dentro de lo posible mi cuerpo, mis movimientos, a leer a ser lo que ahora soy, sobre todo a ser una superviviente.A los ocho años me operaron de los pies, ya que no era capaz de andar, esa operación marco un antes y un después, por fin, y con un poco de retraso, di mis primeros pasos, lo recuerdo perfectamente ya que fue el día antes de hacer mi primera comunión.Después de un sin fin de ejercicios, para aprender a mover mis músculos, mis pies, mis manos, baños en la piscina, consultas con el logopeda para vocalizar mejor, visitas de psicólogos y maestras que nos daban clases a diario, mi periordo en Bilbao termino.A los catorce años volví a mi pueblo, después de diez años fuera, y con la recomendación de mi antiguo colegio, y con muchas trabas empecé a acudir a las escuelas municipales. Allí me encontré con un sistema que no estaba preparado, con unas maestras sin intención de esforzarse, y con una de las primeras discriminaciones que tuve que asumir, y aunque el sistema no se adaptase, siempre hay personas que se adelantan, como mi maestra Maria, que traía preparadas clases para mi de su casa, y que su atención quedara en mi recuerdo para siempre.Si difícil es la niñez, la llegada de la adolescencia, como para cualquiera, supuso un sin fin de rabietas, no por sentirme como los demás, sino por que los demás me sintiesen como ellos, con ganas de salir, de divertirme, y como no de enamorarme, de experimentar, de investigar, de saber o hacer como si sabes, de ponerme vestidos nuevos, de maquillarse por primera vez, de tener una confidente, de salir con mi grupo de amigas…pero eso estaba limitado, ya que mi entorno, no entendía mi enfermedad, no les culpo, pero en aquel momento me dolía su falta de solidaridad y de empatia, que afortunadamente suplía con mi familia, en especial con mi hermana Gemma, hermana, amiga y confidente.Si enumerase los cambios, que estos años han cursado en mi vida, destacaría la serenidad, la filosofía de enfrentarme a todo lo que me sucede, nunca diría que asumo plenamente mi enfermedad, o que soy consciente, pero si he aprendido a convivir con ella, a quitarme todos los complejos, la vergüenza, o la impotencia de que me mirasen diferente, ya no tengo las preocupaciones de si salgo o entro, de si me hacen caso o no, me preocupa mi futuro, como a todos, la incertidumbre de lo que pasara, pero se que saldré victoriosa, como del resto de etapas de que he vivido, por que se que cuanto con personas que me apoyan, que están a mi lado, y ante todo, por que he aprendido a Vivir el presente, y eso es lo que todos, sin distinción debemos hacer, vivir el presente y disfrutarlo al máximo.
LAURA MONJE DEL CASTILLO
26 mayo de 2011