martes, 24 de mayo de 2011

HOMENAJE A LOS SACERDOTES EN SUS BODAS DE ORO

El pasado día 23 de mayo nuestro seminario se unió al presbiterio de la diócesis para celebrar la fiesta sacerdotal de este año 2011. La ocasión sirvió, como suele ser tradicional en estas fechas, para homenajear a los 14 sacerdotes que este año celebran el 50º aniversario de su ordenación. Recogemos, a continuación, las palabras de acción de gracias que les dirigieron nuestros seminaristas:

“La piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años, pero lo importante, no cambia. Vuestra fuerza y convicción no tienen edad. Detrás de cada línea de llegada, hay una partida. Detrás de cada logro, hay otro desafío”.

En el día de hoy, los seminaristas queremos ofreceros unas palabras de reconocimiento y admiración, por todos estos años de servicio y de entrega de la propia vida, siguiendo las huellas de Cristo. Ese mismo Cristo que un día ya lejano, os llamo a venir a esta casa, en la que tantas generaciones de sacerdotes se han forjado bajo el amparo de la Inmaculada Concepción. Hoy somos otros los que la ocupamos, y aunque traemos otras ideas, otros caminos, otros sueños… la esencia permanece, lo importante, no cambia. Vemos reflejadas en todos vosotros nuestras ilusiones de juventud. Sois quienes nos vais a entregar el testigo, para que el nombre de Cristo no deje de resonar en el mundo. Y eso para nosotros es lo más importante.

Dice el tango que veinte años no son nada, vosotros sois el testimonio vivo, de que cincuenta años vividos en Cristo no son nada. Nos gustaría poder preguntaros que ha sido lo más importante de estos años, de donde habéis sacado fuerzas para llegar a estas bodas de oro sacerdotales. Pero no hace falta preguntar, ya nos habéis respondido, nos responden esas arrugas, esas canas, que nos hablan de tantos días y tantas noches sin descanso: de un día que llamaban en mitad de la noche para llevar una extremaunción, de aquella obra en la parroquia que parecía que no acababa nunca, de aquellas nevadas, de aquellos fríos… Pero también vemos en vosotros la satisfacción del trabajo bien hecho; la alegría de los padres que bautizan a su primer hijo, la ilusión de los novios que estrenan un proyecto de vida en común, la sonrisa agradecida de aquel feligrés en el que supisteis ver el rostro de Cristo…

Para nosotros, jóvenes seminaristas, lo más importante es la perseverancia, y en esto como en tantas otras cosas nos dais ejemplo. Miradnos con benevolencia, pues somos todavía unos pipiolos, nos queda mucho por hacer y sobre todo mucho en lo que equivocarnos. Hoy en día todo parece ser de usar y tirar, hasta los más altos ideales son a veces rápidamente abandonados por nuestros quintos. Sin embargo en medio de esta realidad queremos comprometernos de por vida con Cristo. Y vuestro ejemplo será sin duda una llamada a la esperanza y un acicate para seguir con toda ilusión la carrera de la Fe.

Y al final, ¿al final que se dice?, la verdad no lo sé, yo solo estoy al principio. Ojala algún día pueda estar sentado ahí enfrente sabiendo que he dedicado mi vida por entero a Cristo, como estoy seguro habéis hecho todos vosotros. Antes en las ordenaciones sacerdotales, por ser el día del patrón de los seminarios, se decía que había vuelto a florecer la vara de San José, quizás hoy debiéramos decir que ha dado fruto y fruto abundante. ¡Enhorabuena!